El autobús del 99


Vigo respira celtismo por sus cuatro costados y se engalana para la Champions

La Peña “Comando Celta “y FARO DE VIGO ya tiene su autobús de dos pisos para la fiesta del celtismo.

Vigo huele a Celta y a fútbol por los cuatro costados. La ciudad se prepara para la gran fiesta del celtismo prevista para después del encuentro de esta tarde en Balaidos, independientemente del resultado. La vuelta a Europa por segunda temporada consecutiva ha sido acicate suficiente para preparar la exaltación de los colores. Los preparativos de este homenaje a la gran temporada que ha brindado el equipo ya comenzaron.

La Peña Comando, que también colgó una gran camiseta en la fachada del estadio, engalano la calle Manuel de Castro por la que ya bajo el autobús de dos pisos que junto a FARO DE VIGO preparo para la gran fiesta.

Desde las primeras horas de la mañana, el autobús recorrió las calles y las playas de Vigo. Por la tarde, ya con los “comandos” en su interior, prosiguió su marcha por las calles de la ciudad, en el mejor anuncio de la esplendida celebración del celtismo.

Amargo final de temporada. Siempre nos quedará Comando

La peña celtista derrochó esfuerzo para animar una fiesta europea que no supo colmar las ilusiones celestes

Comando Celta volvió a demostrar por qué se ha convertido en un emblema del celtismo. La peña, que en el 97 cumplía 10 años, animo ayer una fiesta triste, tonta y renqueante, agriada por una clasificación para la UEFA que no supo a nada, cuando la grada soñaba con la gloria de entrar en la Champions.

Mientras algunos se arremolinaban en la salida de los vestuarios coreando consignas insípidas. Comando se subió al autobús y entonó los cánticos de un triunfo en el que tampoco creían. “¡estamos en Europa, otra vez, aunque sea en la UEFA!” gritaban con una convicción de tiempos remotos, en los que un punto daba un logro que se llama “permanencia”.

También reconocían que lo más triste de todo aquello era el esfuerzo, el dinero, el sudor, el tiempo trabajado para una fiesta que, definitavemente no era posible.
En la sedes del Comando, “Bar Canizo” y “Metropol” hervían horas antes del partido. Un punto daba acceso a la competición más prestigiosa del planeta y nadie dudaba, entre jarras de cerveza, que la celebración seria de órdago unas horas después. Luego vino el gol de Solari. Y la decepción. Y la rabia. Y la realidad brutal que aterrizo sobre los más de treinta mil celtistas que abarrotaron Balaidos.

La desolación generalizada se apodero de las gradas. Las puertas escupieron aficionados, ávidos de encerrarse en sus casas bajo diez mil sabanas. Deseosos de decir, sin vergüenza, que no se había logrado lo tantas veces prometido. Y en esto llego Comando…

La peña, que llevas más de diez años en la brecha, animo una fiesta que ya era para muy pocos. Solo para los más optimistas, los más fanáticos, los más relistas, los elegidos.

El autobús de Comando Celta fue el único sentido de una fiesta triste

El autocar camina luego, muy despacio, a la plaza de América.

Va escoltado por un Chevrolet antiguo, rotulado en sus puertas con las siglas de “Comando”.

En la plaza, el publico que escucha “A Roda” se vuelve para recibir el convoy de lo que queda del celtismo, que es Comando, en esta noche triste en la que pueden expresarse con palabras todos los consuelos tontos que dicta la razón. Porque hoy no es día de razones, sino de furia, de rabia, de no saber por que no sa e ha tocado un cielo que habíamos saboreado tantos meses.

 

Eduardo Rolland [19 y 20 de junio de 1999] Faro de Vigo

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