Por amor a los colores

Rogelio Tomé [Vigo Deportivo – 1988]

Soñó que su novia convertía una bufanda celeste en otra distinta, más bien azul oscura, con franjas blancas. Ella iba deshaciendo el tejido a pedacitos, como si fuera el portero del estadio con las entradas. La bufanda nueva iba cayendo entre las piernas.

Aunque las peñas futboleras, por lo menos en Vigo, no discuten la entrada de chicas, nadie quiere ni pensar lo que sería una historia de infidelidad a los colores. Por si acaso, y tambien por razones prácticas, el cartel de anuncios del local de reunión de Comando incluye póster de la “samantafox” durante este mes —antes fueron elevadas a la categoría de chicas del club, Sabrina y Cicciolona— se les supone buen toque de balón.

 

Si el hooligan viene siendo un gamberro crudo, no se sabe si relleno de pasión, cerveza o una importante dosis de fracaso social, en el caso del hincha, su capacidad de reacción “a los colores” sólo se corresponde con la ignorancia que se le aplica desde la directiva, zona superior, astral y pura de la alta economía del club.

El presidente sale de las elecciones debidamente encajonado con su lista directiva.Lo demás es una asamblea de compromisarios, especie de senado futbolero integrado por expresidentes y un cupo de socios. Las peñas no han logrado llevar desde tan alto su representación efectiva en el campo.

“Con Quinocho las cosas iban mejor. Él y su secretaria nos trataban bien. Desde entonces, las cosas no marchan”. Ni un puñetero duro para viajar, “llegaron a pedirnos dinero incluso” afirman.

En esto llega el Leri, el hooligan concejal, “como siempre en fuera de juego, podían juntarlos a él y a Paco Vázquez”.

En casa del hincha predomina en cambio la pela de uso doméstico (loteria 9.660, material de fogueo 8.070, parches bombo 2.000, cuadro reloj 4.200, mueble armario 4.600, lavandería 500, tarjeta felicitación peñas 790, material oficina 333), cosas así. Con la invasión tecnologica de sirena-spray, bengalas y demás, el hincha de la peña empieza a recordar al hooligan por fuera, están lejos de la bufanda, de la gorra y del banderín. Pero también de “lo de Heyssel”. Son caseros y montan bulla, en Balaidos una idea fija: “que gane el Celta y el equipo que juegue contra el Deportivo”.

Las semanas con fútbol —aseguran— duran lo mismo que las otras, pero no es igual. Hay que estar desde el jueves haciendo compras. Los entrenamientos oficiales son hasta la media hora antes del partido, cuando hay que calentarse, se calienta, coñac, cubata, vino ó nada, sólo agua. En el campo siempre hay quien aprovecha para un magreo si encuentra cerca algo disponible, tras el gol. Lo mejor que pasó esta temporada fueron sin duda los dos goles contra el Madrid. Un orgasmo. El “San Siro pequeño” se puso al rojo, por amor a los colores”.

Las cerca de veinte peñas celtistas en toda Galicia piensan reunirse para preparar las próximas elecciones. Esta vez no sera en el bar de siempre. Rivadulla, por ahora incombustible tendría entonces que soportar su presencia entre los compromisarios. La llegada de los “descamisados”, la revolución.

Los grandes negocios del clubacaban para ellos donde empieza el traspaso. El traspaso, una especie de fraude institucional, años y años de “baltazares” y “amarildos” emigrando a fin de año. Piensan que “se esta tirando el dinero cuando se prescinde de un entrenador que no acaba su contrato, cuando se traspasa por las buenas a un jugador sólo para cubrir las pérdidas del presupuesto”.

Mientras el espectador normal llega, enciende su puro y aplaude cuando lo hace todo el mundo, las peñas estan alli para calentar la afición y no parar en todo el partido. El bombo marca la pauta, detrás del bombo se ponen por orden, un empleado de limpiezas industriales, el importador de pescados, el hostelero… y a veces un foráneo enrollado. No consta en las cuentas de gastos dinero para comer y tiritas, ni pastillas de la garganta.

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