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O reascenso de Lleida
Comando y el autobús número 7
Rreventados, pero felices. El cansancio no pudo con la alegría
de los celestes durante el viaje de vuelta.
Montse González [Faro de Vigo, junio 2005]
Los sesenta viajeros del autobús numero 7, con los que
viajó FARO de regreso a Lleida, se hicieron los remolones
a la hora de emprender el viaje de regreso. Querían dar
rienda suelta a su euforia, felicitar a los jugadores y vivir
intensamente hasta el último momento de uno de los días
más emocionantes de su vida.

Sus rostros se habían relajado y ya no mostraban la tensión
y el nerviosismo del viaje de ida, solo el cansancio de haber
pasado la noche entera en la carretera. Aguantaron 2.100 kilómetros
en autobús y casi 25 horas de trayecto para vivir otra
jornada histórica del celtismo. El viaje de regreso fue
un ejercicio iniciativo, para algunos expedicionarios, en el que
completaron su transformación en una afición de
Primera.
Muchos confesaban lo mal que lo habían pasado durante todo
el partido. "No paré de subir y bajar la grada, lo
pase muy mal", explicaba el presidente de la Peña
Comando Celta, Francisco Hernández "Franchu",
a sus peñistas antes de subirse al autobús.

Una vez en marcha, el autobús no podía dar cabida
a tanta euforia. Cantaron la Rianxeira, el "¡que bote
el autobús!", "Adiós a Segunda, Adiós"
y todos los cánticos que pasaban por sus mentes antes de
que el cansancio y la ronquera empezaran a mitigar tanta emoción,
que seguía latente en sus corazones celestes y que ya nunca
les abandonará. Eran constantes las llamadas a familiares
y amigos en las que intentaban expresar con palabras un sentimiento
inexplicable. Querían saber como estaba viviendo Vigo la
jornada y si la Plaza América había vuelto a ser
invadida por los aficionados que no habían podido viajar
a Lleida.
Durante
el trayecto no cesaban los comentarios sobre la experiencia vivida."Es
nuestro tercer ascenso". Atrás dejaban una ciudad
en la que habían pasado unos de los peores tragos del celtismo.
"No volveremos a Lleida", decía Miguel Paredes,
un Comando.
Primera parada para cenar y reponer fuerzas. En Alfajarín
una caravana de más de diez autobuses abarrotó la
zona.
El comandista Miguel Paredes se preguntaba mientras regresaba
a su asiento como les habría sentado el ascenso a su familia.
"Soy la oveja negra, porque en mi casa todos son del Deportivo",
bromea con sus compañeros. Franchu le felicitó por
su maestría a la hora de ondear la bandera de la peña
y a todos los expedicionarios por su labor "volvemos a casa
con la sensación del trabajo bien hecho" a los que
Juan Vilas replicó que "la próxima vez que
Horacio nos pague el avión". Ana Ferreiro respiró
tranquila con el triunfo porque temía que la presencia
de tantos aficionados en Lleida pudiera presionar demasiado al
equipo. "Cuando gritábamos ¡A primera! Parecía
que se les agarrotaban las piernas", decía, "Antes
de venir pensé que igual no era del todo positivo que el
equipo sintiera la presión de vernos allí, pero
por suerte todo salió bien, comentaba con integrantes de
la peña Comando.
Exigieron al conductor que conectara con la radio para conocer
como estaba viviendo el equipo la fiesta del "Reascenso".
Pinto y Giovanella entonaban la Rianxeira con una locutora y la
fiesta volvió al autobús. Pero fue un repunte breve.
Lucharon todo lo que pudieron contra el sueño, pero el
cansancio empezó a apaciguar los ánimos. Algunos
incluso se tumbaron en el pasillo para echar una cabezadita. ¡Jefe,
hay que poner moqueta que el suelo esta muy duro!, bromeaban con
el conductor del autobús. Los demás, buscaban el
mejor acomodo en su asiento para sobrellevar el largo trayecto
hasta casa.
La segunda parada fue en Burgos, alrededor de las 3.00 de la madrugada
donde pocos fueron los que bajaron del autobús. Fue una
parada de un cuarto de hora para estirar piernas antes de afrontar
el tiron final hasta la Gudiña.

"Estamos hechos polvo", dijo Juan Vilas cuando regreso
a su puesto. Cánticos roncos, deseos para la nueva temporada
y especulaciones sobre las primas del Lleida ocupaban las conversaciones
de los que eran incapaces de conciliar el sueño, entre
ellos los veteranos del Comando. Después del desayuno se
despejaron los más marchosos, eufóricos al sentirse
cada vez más cerca de casa. En cuanto el autocar encaró
la Avenida de Madrid, pidieron al conductor que les llevara por
la Gran vía y adornaron el vehículo con bufandas
y banderas para anunciar su presencia a un Vigo que todavía
se estaba desperezando. En este momento decidieron pasar por el
colegio electoral antes de regresar a casa. "Había
pensado meter la entrada en la urna, pero prefiero guardarla de
recuerdo" dijo Franchu. ¡A todos los que la presenten
mañana en el trabajo, tendrán el día libre!",
seguía bromeando.
Querían bañarse en la fuente de la Plaza América.
Lo deseaban desde que partieron de Lleida, pero observaron con
decepción que la pileta estaba vacía. Era el punto
de llegada y el punto de inicio de otra Era del Celta en Primera.
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